¿Solución al T.D.A.H? Gestión del conocimiento
Juan José Isidro García Melo. 5 de julio de 2011
El Trastorno de Déficit de Atención con o sin hiperactividad (TDAH) en los alumnos de secundaria y bachillerato del Colegio Humanista Alfonso Reyes (CHAR) crea situaciones inapropiadas de atención, disciplina y aprendizaje en el desarrollo de la impartición de materias dentro del aula. Este trastorno no es detectado y mucho menos tratado adecuadamente por los docentes, situación que lleva a que sea catalogado como simple problema de disciplina. Desde el punto de vista psicopedagógico se considera importante aplicar estrategias en el aula para el tratamiento adecuado de esta problemática.
En México, cada año en el sistema de educación básica, se pierden 2 millones 650 mil niños y adolescentes por diferentes motivos, una de las causas que originan esta deserción, es debido a alumnos que padecen TDAH (Sociedad Mexicana de Déficit de Atención e Hiperactividad. SMDAH, 2005). El TDAH es un trastorno neuroquímico con fuerte componente genético que se caracteriza por niveles inadecuados de distracción, impulsividad e hiperactividad (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, 4ª. Edición. DSM-IV); se calcula que en México existen más de un millón y medio de escolares que padecen TDAH pero muchos de ellos no han sido diagnosticados (SMDAH, 2005) y por lo tanto tampoco están siendo atendidos. Los tipos de TDAH son: 1) Con problemas de inatención: no cuenta con atención sostenida, se distrae con facilidad, parece que no escucha, 2) Con predominio de impulsividad o hiperactividad: responde antes de que termine la pregunta, siempre está en marcha, habla excesivamente, interrumpe o se inmiscuye en actividades que no le incumben, 3) Mixto o combinado: en el que existe inatención, impulsividad e hiperactividad (DSM-IV). Ésta es la preocupación del Colegio Humanista Alfonso Reyes, en donde se tienen detectados alumnos con hiperactividad, impulsividad, bajo rendimiento escolar, despreocupación por actividades académicas, los cuales son tratados solamente como adolescentes indisciplinados, por sus profesores y no se cuenta con las estrategias adecuadas para que a partir de su diagnóstico, se pueda incluir a los alumnos con TDAH dentro de la dinámica de clase, evitando el fracaso y en consecuencia la deserción escolar.
Anualmente en el CHAR, según estadísticas del mismo, se detecta un 10 % de alumnos con el trastorno de hiperactividad, sin tomar en cuenta aquellos que no han sido descubiertos y que simplemente pasan por ser alumnos problemáticos. El Departamento Psicopedagógico hace su trabajo, pero éste no es aprovechado por los docentes que simplemente envían a los alumnos al Prefecto o a la Dirección, para ser sancionados. Esta situación produce en el aula desorden, bajo rendimiento, poco control por parte de los docentes, y que las lecciones pierdan su dinámica; la etiqueta que se les coloca baja su autoestima, les trae problemas con la autoridad, frustración, agresión e impresiones de incapacidad e inadecuación.
El camino que recorre el colegio en este momento no es el adecuado pues en lugar de dar solución al problema, se ha ido acentuando. Consideramos que el alumno necesita habilitarse en un contexto similar al que vive diariamente en grupo y no aislado; el marco social de referencia debe ser de aceptación, empatía y plantea la necesidad social de crecer juntos; además de que las experiencias conjuntas cobran dos dimensiones, las cognoscitivas y las socioemocionales; no podemos negar que el individuo es un ser social por naturaleza, que vive y aprende en sociedad y las manifestaciones de su conducta se dan en un entorno psicosocial y al aislarlo se le está eliminando la posibilidad de reintegrarse (Barragán, 2000). Por lo tanto, la solución que proponemos es la capacitación de los docentes, gestionada por la Dirección a través del Departamento Psicopedagógico o las Instituciones que ofrezcan este tipo de talleres o cursos.
El CHAR llega únicamente al diagnóstico de TDAH en algunos alumnos, y a la canalización fuera del Colegio, según los recursos y posibilidades de las familias. Consideramos que puede hacer algo más por estos estudiantes catalogados como indisciplinados, capacitando al docente para que cuente con herramientas adecuadas para incluir al alumno en la dinámica de clase, terminando tajantemente con la exclusión del alumno con TDAH del aula.
Barragán, Eduardo. (2000). El niño y el adolescente con trastorno por déficit de atención: su mundo y sus soluciones. España: Paidos Ibérica.
Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, 4ª. Edición. DSM-IV, Barcelona: Plaza edición.
Sociedad Mexicana de Déficit de Atención e Hiperactividad, 2005 Un estudio integral del trastorno por déficit de atención e hiperactividad, México.
martes, 5 de julio de 2011
Una pequeña rosa roja
Una pequeña rosa roja.
Anónimo.
Caminaba un día por la calle, cuando observé como unas nubes oscuras se juntaban en el cielo, y vi luego como la lluvia empezó a caer, rápidamente busqué refugio, al mismo tiempo que la suave lluvia se convertía poco a poco en tormenta.
Encontré refugio bajo una cornisa, a la entrada de una casa, en el momento en que la tormenta caía con más fuerza y estruendo. vi. entonces una pequeña rosa roja, golpeada y encorvada por las grandes gotas de agua que constantemente le azotaban; y a pesar de esto no se rompía, sino que soportaba con increíble resistencia el gran embate de la lluvia y cada uno de sus golpes; manifestado en grandes y pesadas gotas de agua.
Me sorprendí al ver como a pesar del viento y lluvia, la pequeña rosa roja soportaba el gran castigo, sin ceder ni un ápice. En muchos momentos, pensé verla caer, derrotada por la furia del agua, mas sin embargo, volvía a enderezar su ya doblado tallo por la lluvia.
Al pasar la lluvia, y ver como el sol salía de entre las oscuras nubes...
... noté con asombro como la pequeña y frágil rosa roja, estaba aún en su lugar, con su tallo erguido hacia el cielo, mostrando con orgullo sus bellos pétalos rojos, en señal de su victoria ante las fuerzas de la misma naturaleza, a la cuál pertenece.
Esto me hizo reflexionar acerca de mi vida; pues al recordar como la indefensa rosa luchaba por seguir en pié ante la tempestad, y después de observar cuán dura había sido su lucha, me recordó las dificultades que había tenido en mi vida, y de como muchas veces, había sentido que ya no podía más, pero al ver la rosa roja, en pié y victoriosa, recordé aquel pasaje de la Biblia, donde se dice que nosotros valemos más que las flores del campo y los pajarillos del cielo, y pensé:
"Si Dios dio fuerza a esa pequeña rosa roja para pasar la tempestad; ¿por qué he yo de temer a las adversidades?
Pues si Dios no dejó que esa rosa que no ama, no camina y no tiene razón soportara la tormenta, ¿cuánto más cuidará de mí, hijo de Dios y heredero de la vida eterna?”.
Desde entonces no dejo que nada me asuste, atemorice o desanime, y cada vez que siento desfallecer; recuerdo aquella pequeña rosa roja, la cuál me mostró cuánto valgo y lo duro que he de pelear en este mundo, pero también recuerdo el amor que me tiene aquel que dio fuerza a la rosa, para que pudiera resistir.
Anónimo.
Caminaba un día por la calle, cuando observé como unas nubes oscuras se juntaban en el cielo, y vi luego como la lluvia empezó a caer, rápidamente busqué refugio, al mismo tiempo que la suave lluvia se convertía poco a poco en tormenta.
Encontré refugio bajo una cornisa, a la entrada de una casa, en el momento en que la tormenta caía con más fuerza y estruendo. vi. entonces una pequeña rosa roja, golpeada y encorvada por las grandes gotas de agua que constantemente le azotaban; y a pesar de esto no se rompía, sino que soportaba con increíble resistencia el gran embate de la lluvia y cada uno de sus golpes; manifestado en grandes y pesadas gotas de agua.
Me sorprendí al ver como a pesar del viento y lluvia, la pequeña rosa roja soportaba el gran castigo, sin ceder ni un ápice. En muchos momentos, pensé verla caer, derrotada por la furia del agua, mas sin embargo, volvía a enderezar su ya doblado tallo por la lluvia.
Al pasar la lluvia, y ver como el sol salía de entre las oscuras nubes...
... noté con asombro como la pequeña y frágil rosa roja, estaba aún en su lugar, con su tallo erguido hacia el cielo, mostrando con orgullo sus bellos pétalos rojos, en señal de su victoria ante las fuerzas de la misma naturaleza, a la cuál pertenece.
Esto me hizo reflexionar acerca de mi vida; pues al recordar como la indefensa rosa luchaba por seguir en pié ante la tempestad, y después de observar cuán dura había sido su lucha, me recordó las dificultades que había tenido en mi vida, y de como muchas veces, había sentido que ya no podía más, pero al ver la rosa roja, en pié y victoriosa, recordé aquel pasaje de la Biblia, donde se dice que nosotros valemos más que las flores del campo y los pajarillos del cielo, y pensé:
"Si Dios dio fuerza a esa pequeña rosa roja para pasar la tempestad; ¿por qué he yo de temer a las adversidades?
Pues si Dios no dejó que esa rosa que no ama, no camina y no tiene razón soportara la tormenta, ¿cuánto más cuidará de mí, hijo de Dios y heredero de la vida eterna?”.
Desde entonces no dejo que nada me asuste, atemorice o desanime, y cada vez que siento desfallecer; recuerdo aquella pequeña rosa roja, la cuál me mostró cuánto valgo y lo duro que he de pelear en este mundo, pero también recuerdo el amor que me tiene aquel que dio fuerza a la rosa, para que pudiera resistir.
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